Mientras llego a casa del trabajo
mientras pongo la tetera a hervir
mientras doy de comer a los gatos
(La semana pasada tuve que darle medicina a uno porque sufre de hiperacidez y le cuesta tragar)
mientras riego el jardín de la azotea
que me construiste como muestra de nuestro amor
pero son mis pantalones blancos los que se ensucian con la manguera
mientras observo los lotos (que, lo sé, son lirios), pues decidí que son los símbolos de nuestra renovada relación
(mientras crecen lentamente)
mientras busco una película de arte y ensayo que pongan a altas horas de la noche en la tele
mientras oscurece
mientras me resisto a encender las luces
mientras me muevo con más valentía en el espacio que se desvanece de nuestra vida compartida
mientras ceno queso y tomates caseros, no puedo olvidar el pensamiento
de que, impulsado por la misma pasión y con el mismo deseo
la penetraste en la misma posición
como me penetraste a mí.
«No me enseñes a vivir sin ti», me pidió una vez mi expareja
cuando rompí con él
y ya llevo cinco meses
viviendo sin ti.