En la penumbra de una celda, viendo trabajar a una coreógrafa y una bailarina, soy testigo del nacimiento de algo. ¿Es un gesto? ¿Una imagen? ¿Un cuerpo?
Años más tarde, en un disco duro, vuelvo a encontrar la opacidad de esa piedra en una imagen digital y, más tarde, ese mismo día, descubro en mi sótano una bobina de 16 mm que contiene un plano que había olvidado haber filmado. Se me ocurre un montaje, pero esa «conexión» es en realidad una cesura entre dos materialidades: un cuerpo que se despliega en el espacio y una imagen que se lee en el tiempo.
En esta cresta, entre dos mares, las ondas de canto nos llegan en ráfagas: puesto que la película se proyecta en digital, diremos que se trata de una canción infantil para aprender a contar más allá del uno. No es seguro que lo consigamos.
In the dim light of a cell, watching a choreographer and a dancer at work, I witness the birth of something. Is it a gesture? An image? A body? Years later, on a hard drive, I rediscover the opacity of that stone in a digital image, and later that same day, I find a 16mm reel in my basement containing a shot I had forgotten I had filmed. A montage comes to mind, but that “connection” is actually a caesura between two materialities: a body unfolding in space and an image being read in time. On this crest, between two seas, the waves of song reach us in bursts: since the film is projected digitally, we’ll say it’s a children’s song for learning to count beyond one. It’s not certain we’ll succeed.